La pobreza es más profunda de lo que los indicadores oficiales han marcado ayer para el segundo semestre del año de la pandemia de la Covid-19. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) ha señalado que el cóctel de crisis económica y sanitaria, por la pandemia de la Covid-19, ha sumido en la pobreza a 19 millones de argentinos que residen en las zonas urbanas del país. Para dimensionar el impacto de esa situación, sólo en 2020 cerca de tres millones de personas han bajado de estatus en la pirámide social, medida por ingresos, por el confinamiento que no les permitió generar dinero para cubrir sus gastos alimentarios y de servicios esenciales y porque tampoco pudieron conseguir un empleo estable en medio de una cuarentena que ha paralizado a la industria, al comercio y a otras actividades de servicios en gran parte del año pasado.
Datos del Indec: la pobreza más alta en 14 años“La situación es crítica a lo largo y a lo ancho de la Argentina”, diagnostica el economista Jorge Colina, director del Instituto Para el Desarrollo Social Argentino (Idesa). Si bien el Indec ha señalado que la tasa de pobreza promedió en el país el 42%, Colina expresa que no hay que perder de vista que el conurbano bonaerense sintió con fuerza la falta de actividad y el indicador ha sido del 51%. “La mitad de los pobres argentinos vive hacinado en ese distrito y ese conurbano no pudo bajar este flagelo si se toma en cuenta el comportamiento del índice en el primer tramo de 2020, como sí sucedió en otros aglomerados urbanos”, dice el economista en una charla con LA GACETA. A su entender, Tucumán y Salta, en el NOA, son las zonas más golpeadas, por la cantidad de habitantes que concentran en un área metropolitana.
Los partidos del Gran Buenos Aires concentran al 53,9% de la población relevada por la Encuesta Permanente de Hogares (29 aglomerados con datos) y como consecuencia de una suba interanual del 27,5% explican el 72,3% del aumento de la pobreza (1.368.967 de personas), exponen los economistas Nadin Argañaraz y Néstor Grión. El resto de aglomerados con un aumento en la cantidad de pobres superior al promedio son Ciudad Autónoma de Buenos Aires (22,8%), Comodoro Rivadavia-Rada Tilly (23,2%), Río Gallegos (31,8%), Río Cuarto (34,6%), Gran Paraná (36,9%), Neuquén-Plottier (42,9%) y Mar del Plata (65,7%). “Ante esta situación tan dramática, es vital el consenso colectivo para consolidar la reactivación de la economía y de la ocupación, y luego la inversión y el desarrollo económico”, indican los expertos. Por otra parte es necesario identificar los principales factores que pueden ayudar a una baja lo más rápida posible, dentro de un camino sostenible.
Los datos locales
¿Qué pasó con Tucumán? La tasa de pobreza ha subido del 37,3% en el segundo semestre de 2019 al 43,5% al cierre de 2020, lo que implicó que 392.128 personas de los 902.100 habitantes del Gran Tucumán-Tafí Viejo cayeran bajo los efectos de ese flagelo socioeconómico. En esa comparación anual, la recesión económica prolongada y los efectos de la cuarentena por la pandemia sanitaria sumió en la pobreza a 57.600 personas más. Muchas de ellas vivían de un trabajo informal que, con el confinamiento, han sido expulsadas del mercado laboral.
La tasa de pobreza es la más alta de los últimos 14 años. En el primer semestre de 2006, el principal aglomerado urbano de la provincia registró un 47,9%. La indigencia no se quedó atrás: afectó a 69.601 personas al cierre del año pasado.
La situación no ha sido peor por la cobertura extra de planes sociales que ha dado el Estado nacional. De acuerdo con los datos del Ministerio de Desarrollo Social, el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) alcanzó a 393.000 tucumanos. Esa asistencia permitió a esa franja de la población en parte esquivar la pobreza y en la mayoría de los casos los efectos de la indigencia.
El panorama no es alentador para la reducción de los niveles de pobreza. La Argentina viene de una caída de la actividad del 9,9% en 2020, mientras que para este año electoral se espera una expansión del 7,7% en el Producto Bruto Interno (PBI), por un efecto rebote de la economía.
Según el doctor en Sociología, Daniel Schteingart, en el segundo semestre confluyeron varios factores. Por un lado, hubo una recuperación parcial del empleo (en el cuarto trimestre se había recuperado aproximadamente el 70% del empleo perdido en el segundo). En particular, lo que más se recuperó fue el empleo cuentapropista. “Pero a la vez, el fin del IFE (que terminó en septiembre) y la aceleración inflacionaria del último trimestre acotaron la mejora del ingreso real familiar derivada de la recuperación de empleos”, escribió el director del Centro de Estudios para la Producción (CEP XXI), en su cuenta en Twitter.
El sociólogo, al igual que los economistas consultados por LA GACETA, indica que la pobreza vuelva a disminuir después de estos tres años tan negativos requiere del crecimiento económico, fundamental para subir salarios reales, crear puestos de trabajo y de esta manera mejorar el ingreso de las familias. En los últimos 17 años, la evolución de la pobreza fue casi un espejo respecto a la del PBI: cuando el PBI subió, la pobreza bajó y viceversa. Crecer es condición absolutamente necesaria (no suficiente) para reducir la pobreza, observó.